| Usted está en : Portada : Espectáculos | Lunes 27 de febrero de 2006 |
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El "Monstruo" zandungueó de lo lindo al ritmo del reggaetón, como no se veía hace años en la Quinta Vergara. A las 3 de la mañana el termómetro subió al máximo con tanto "perreo" |
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Por Claudia Carvajal Rojas Fotos: Aldo Reyes Mallea
Eran las tres de la mañana, unos "motoqueros" hacían rugir sus máquinas arriba del escenario de la Quinta Vergara y sonaban las primeras mezclas de "La gasolina". La locura era total, el termómetro subía al máximo y hasta los más tiesos se pusieron a "perrear". Porque anoche nadie quedó ajeno al fenómeno del reggaetón, que Daddy Yankee impuso como el ritmo de este Festival.
A las 2.20 como amo y señor de toda su gente, el portorriqueño apareció desde la parrilla de iluminación, sentado en un trono, desafiando a sus fanáticos que casi rompieron sus cuerdas vocales de tanto gritar. Sus seguidores estaban impacientes, habían esperado largas horas y ya no aguantaban más, sólo querían zandunguear.
Por fin Daddy estaba ahí. De inmediato comenzaron las rimas contagiosas, la música fuerte, los bailarines se movían en forma desenfrenada, igual que los miles de adolescentes que transformaron en una caldera el casi siempre frío anfiteatro viñamarino. A partir del primer minuto Daddy Yankee dominó al público, desde la primera fila del palco hasta lo más alto en el cerro. Les pidió que levantaran las manos, y todos las levantaron. Que alzaran sus "toallas" -poleras, chalecos, cualquier cosa que tuvieran a mano servía- para sacudirlas, y la Quinta Vergara se transformó en un estadio multicolor. Y lo más novedoso: solicitó que apagaran las luces y ordenó que todos encendieran sus teléfonos celulares. El espacio se llenó de luciérnagas electrónicas, mientras el cantante improvisaba versos. El descontrol llegó con éxitos como "Lo que pasó, pasó", "Rompe" y "Mayor que yo". Las mujeres bailaban como si el mundo se fuera a acabar. Rubias, cuicas, flaites, gordas, flacas, viejas y jóvenes se movían en forma sensual. "¡Preséalo!, "¡muévete con candela!", "¡zandunguéalo!", repetía en forma insistente Yankee. Las rimas atrevidas del "representante de la calle, de la gente oprimida" no cesaban y el desenfreno era total. Anoche, el público que llegó en masa a la ciudad jardín gozó a rabiar con el ritmo de moda, especialmente Camilo, el pequeño fanático de Daddy Yankee quien subió al escenario a bailar con su ídolo. Y se lució. Como era de esperar, el señor del reggaetón se llevó antorchas de plata y oro y gaviota de plata. El público pidió la de oro, pero después de las tres de la mañana los animadores se habían ido. Pero no importó, porque la música y el baile continuaron por media hora más. Para goce de los adictos a la candela. |
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